Tengo los ojos puestos en el
Señor, porque Él me libra de todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de
mí, que estoy solo y afligido.
Oculi mei semper
ad Dóminum, quia ipse evéllet de láqueo pedes meos. Réspice in me
et miserére mei, quóniam únicus et pauper sum ego.
Vel
Cum sanctificátus fúero in vobis, congregábo vos de univérsis terris; et effúndam super vos aquam mundam, et mundabímini ab ómnibus inquinaméntis vestris. Et dabo vobis spíritum novum, dicit Dóminus.
Oremos:
Dios misericordioso, fuente de toda bondad, que nos has propuesto como remedio
del pecado el ayuno, la oración
y las obras de misericordia; mira con piedad a quienes reconocemos nuestras
miserias y estamos agobiados por
nuestras culpas.
Por nuestro, Señor Jesucristo...
Amén.
Celebrante:
Instruidos por el ejemplo de Jesús, el Señor, que en el desierto se entrega a
la oración, oremos también nosotros con insistencia a nuestro Dios:
(Respondemos a cada petición: Te lo pedimos Padre, escúchanos.)
Para que todos los fieles, por
medio de las penitencias y prácticas cuaresmales, sean purificados de sus
culpas y vean fortalecida su vida cristiana, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que todos los pueblos alcancen
la paz, la tranquilidad y el bienestar necesario, y puedan así buscar más
fácilmente los bienes del cielo, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Señor conceda su fuerza
a los que se ven tentados o se sienten turbados, infunda el deseo de la
conversión a los pecadores y otorgue el consuelo del cielo a los que están
tristes o abatidos, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Para que el Señor infunda en todos
nosotros el deseo de una verdadera conversión, a fin de que nos preparemos a
celebrar debidamente el sacramento pascual de la penitencia, roguemos al Señor.
Te lo pedimos Padre, escúchanos.
Celebrante:
Señor Dios nuestro, fuente de todo bien, que nunca dejas de ofrecernos el agua
viva de la gracia que brota de la roca, que es Cristo, el Salvador; escucha
nuestras oraciones y concédenos el don del Espíritu, para que manifestemos con
valentía nuestra fe y anunciemos con gozo a nuestros hermanos las maravillas de
tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Que esta eucaristía, Señor, nos obtenga
a quienes imploramos tu perdón, la gracia de saber perdonar a nuestros
hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La samaritana
En verdad es justo y necesario, es nuestro
deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien, al pedir agua a la samaritana, ya había infundido en ella la gracia de
la fe, y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer fue para encender en
ella el fuego del amor divino.
Por eso,
Señor, te damos gracias y proclamamos tu
grandeza cantando con los ángeles:
[Misa]
El que beba del agua que yo
le daré, dice el Señor, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se
convertirá dentro de él en una fuente que salta hasta la vida eterna.
Qui bíberit
aquam, quam ego dabo ei, dicit
Dóminus, fiet in eo fons aquae saliéntis in vitam aetérnam.
Vel
Passer invénit sibi domum, turtur
nidum, ubi repónat pullos suos: altária tua,
Dómine virtútum, Rex meus, et Deus meus!
Beáti qui hábitant in domo tua, in scéculum saeculi laudábunt te.
Alimentados ya desde esta vida
con el pan del cielo, prenda de nuestra salvación, concédenos, Señor,
manifestar en todos
nuestros actos el misterio de tu eucaristía.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.